FRASE DEL DÍA


“Los años pueden arrugar la piel, pero cuando se renuncia al entusiasmo le salen arrugas al alma”
(Samuel Ullman)

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TRABAJO DE CAMPO. 3.GEMA BEZARES AGUILAR



De Paz Diaz  A. Iatrogenia y uso de fármacos. En: Guillén Llera F, Pérez del Molino J, editores.Síndrome y cuidados en el paciente geríatrico.2ªed. Barcelona: Elsevier Masson; 2008.P.587-600
He escogido esta bibliografía por su clara sencillez a la hora de explicar el tratamiento y seguimiento de los pacientes.
Tratamiento
Los pacientes deberían ser valorados para recibir tratamiento por patologías, independientemente de la edad. 
La intención de un tratamiento oncoespecífico puede ser radical, complementario o adyuvante, o paliativo. Desestimar un tratamiento radical o adyuvante no necesariamente implica descartar el paliativo. De igual manera, es importante aclarar que tratamiento oncológico paliativo no es sinónimo de tratamiento sintomático.
Antes de indicar un tratamiento, hay que valorar la posible toxicidad asociada, teniendo en cuenta la reducción en la reserva funcional del paciente de edad avanzada. Hay que vigilar especialmente la función cardiaca y renal, el riesgo de deshidratación y la toxicidad hematológica. Las mayores dudas surgen en los tratamientos adyuvantes, cuando la intención de evitar recidivas debe hacerse considerando una toxicidad asumible.
Destacar la importancia de una enfermería especializada, bien formada, para dar soporte al tratamiento y al manejo de las toxicidades más habituales.
Insistir en la prevención, diagnóstico y tratamiento de los síndromes geriátricos: desnutrición, cuadro confusional agudo, deterioro funcional, caídas, etc.
Respecto al manejo estrictamente sintomático del paciente, no se considera necesario elaborar guías específicas. Se propone estimular la aplicación de las ya existentes para otros grupos de edad y, en cualquier caso, adaptarlas.
Las Unidades de Cuidados Paliativos pueden intervenir en:
casos de dificultad en el control de síntomas con independencia 
del tratamiento que esté recibiendo el paciente.
colaborar en situaciones de dificultad de comunicación con familiares por ejemplo, ayuda en el proceso de dar malas noti
cias.
aportar su conocimiento de escalas de pronóstico vital para 
ayudar a tomar decisiones.
Soporte ante la aparición de dilemas o conflictos éticos.

Seguimiento
Hay que establecer circuitos de derivación organizados en función de los recursos disponibles en cada área.
Si tras la valoración oncogeriátrica se determina que el paciente es candidato a recibir un tratamiento exclusivamente sintomático, se establecerá en función del grado de complejidad, qué profesional debe asumir el seguimiento del paciente: Atención Primaria, Geriatría, Unidades de Cuidados Paliativos hospitalarias y Unidades de Atención Domiciliaria. La intervención de la Unidades de Cuidados Paliativos queda limitada a pacientes que cumplan determinados criterios de complejidad. En función de los síntomas a controlar, se propone:
                      Paciente con  síntomas controlados, derivación a Atención Primaria.
                      Paciente que requiere atención específica, derivación a Geriatría.
                      Paciente complejo con síntomas mal controlados, derivación a unidades hospitalaria de Cuidados Paliativos o servicios de atención domiciliaria.


TRABAJO DE CAMPO.2 .GEMA BEZARES AGUILAR


Antonio M, et al. 1.a Reunión Nacional de Trabajo Multidisciplinar en Oncogeriatría: documento de consenso.Rev Esp Geriatria Gerontol. 2012. http://dx.doi.org/10.1016/j.regg.2012.05.006
He escogido esta bibliografía por la importancia que tienen estas personas para las actividades informativas y de adiestramiento sobre los cuidados del paciente. Debe abarcar aspectos relacionados con la atención al cuidador, abordando sus problemas y previniendo situaciones patológicas.
Atención a la persona cuidadora
El cuidador principal de pacientes crónicos y discapacitados es la persona que habitualmente proporciona cuidados a una persona enferma o con discapacidad, física o psíquica, que le impide ser autónoma. Se distingue así de otros cuidadores que intervienen, ocasional o intermitentemente. Los planes de cuidados del paciente en situación avanzada y terminal deben incluir la atención de la persona cuidadora.
La atención al cuidador no concluye con el fallecimiento del paciente, sino que se prolonga tras él, con objeto de prevenir, identificar precozmente y tratar la aparición de duelos patológicos o alteraciones mentales.
Todos los profesionales que trabajan con los pacientes en situación avanzada y terminal deben colaborar en la atención del cuidador que debe adaptarse a la organización de cada unidad. Se pueden identificar las actividades que se relacionan, definiendo cada unidad la metodología para realizarlas, el responsable de las mismas y dónde (domicilio, centro de salud,...), cómo (entrevistas, en grupo, consulta...) y cuándo se realizan: identificación del cuidador principal; valoración socio familiar y registro, incluyendo los apartados referidos a la persona cuidadora; atención al cuidador incluida en la estrategia de atención al paciente.
Algunos de los criterios de atención a la persona cuidadora son los siguientes: informar clara y concretamente sobre la enfermedad del paciente, probable evolución, pronóstico y desenlace; adiestrar en la realización de cuidados fundamentales y en las técnicas necesarias para con la persona enferma, todo ello con la menor carga de trabajo posible para el cuidador; facilitar la gestión adecuada de su tiempo; promover la satisfacción de sus necesidades, en cuanto a reposo físico y psíquico, estimulando actividades gratificantes que puedan encajar en el tiempo, y fomentando sus relaciones sociales; apoyo familiar, mejorando la comunicación, favoreciendo el reparto de tareas de cuidado y afrontar las decisiones conjuntas; atención a sus problemas de salud detectando la aparición de síntomas de claudicación tanto relacionados con el esfuerzo (dolor mecánico crónico, artralgias, cefaleas, astenia...) como psíquicos (insomnio, depresión, ansiedad...); apoyo en afrontar y adaptarse al proceso de enfermedad; provocar la reflexión y promover la modificación de los pensamientos inadecuados (culpa, ineficacia o vergüenza); proponer objetivos realistas con respecto a la persona enferma; reforzar los logros, aumentando su autoestima; anticipar situaciones que puedan resultarle estresantes, como la posible aparición de complicaciones, accidentes o la enfermedad del propio cuidador, elaborando alternativas; informar y ponerla en contacto con los recursos sociales disponibles (como el voluntariado, la ayuda domiciliaria, los centros de día y las ayudas técnicas), haciendo siempre un uso racional de los mismos e incorporándolos de forma progresiva y cuando sean necesarios; detectar riesgos de duelo patológico para su control y apoyo antes (preparando al cuidador para la pérdida) y después del fallecimiento del paciente; cuando sea necesario, poner a su disposición apoyo instrumental (prestaciones complementarias, material ortopédico o fungibles) o ayudas sociales, programas de descanso del cuidador; facilitar la accesibilidad de los servicios (horarios, visitas domiciliarias, teléfonos de contacto y otras medidas que agilicen la comunicación).

TRABAJO DE CAMPO.1 GEMA BEZARES AGUILAR


Saldaña j. et al. 1.a Reunión Nacional de Trabajo Multidisciplinar en Oncogeriatría: documento de consenso.Rev Esp Geriatr Gerontol. 2012. http://dx.doi.org/10.1016/j.regg.2012.05.006
He escogido esta bibliografía como primera introducción a los cuidados paliativos, los cuales son fundamentales e imprescindibles en nuestra profesión y con un excelente personal muy preparado y cualificado para desempeñar esta gran labor, la cual he empezado a conocer, a todos ellos mis mas sincero agradecimiento.
Cuidados Paliativos en España.
Según los datos publicados del directorio de 1997 de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, SECPAL, de Programas de Cuidados Paliativos en España, la primera Unidad de Cuidados Paliativos Hospitalaria con su reconocimiento oficial en octubre de 1987 fue la del oncólogo Dr. Jaime Sanz Ortiz, en el Hospital Marqués de Valdecilla (Santander), ya en funcionamiento desde 1982, seguida por la apertura en diciembre de 1987 de la Unidad del Hospital Santa Creu de Vic (Barcelona). Desde entonces, el número de programas ha seguido un crecimiento constante y muy especialmente a partir del programa piloto regional de Cataluña con la OMS de “Vida a los años”.
Siguiendo con los datos del directorio, no existe ningún centro monográfico de pacientes con patología terminal, el 44% de los programas de Cuidados Paliativos son equipos de asistencia domiciliaria o de soporte en atención primaria sin estar integradas propiamente con Unidades de Cuidados Paliativos Hospitalarias específicas. Alrededor de un 5% de los programas solo lo forman Unidades Funcionales de Soporte Hospitalario. Un 46% de los programas son unidades de cuidados paliativos hospitalarios, de las cuales casi la tercera parte forman parte de un sistema integral y continuado con programas en todos los niveles asistenciales, atención domiciliaria y ambulatoria. De estas unidades de cuidados paliativos hospitalarias aproximadamente el 18% se encuentran ubicadas en hospitales de agudos (todas son prácticamente de atención oncológica) y el resto, cerca del 82%, en hospitales de crónicos tradicionales geriátricos, reconvertidos hacia centros socio sanitarios, con atención predominante de patología oncológica terminal (60-80% de pacientes ingresados), pero ya con un creciente número de patología terminal no oncológica (20-40% de pacientes ingresados).
Como se muestra hay una gran diversidad de programas y recursos existentes en nuestro país, tanto en el ámbito de la atención hospitalaria como de los centros socio-sanitarios y la atención primaria de salud. Los modelos varían desde programas específicos de los gobiernos autonómicos, como es el caso de Cataluña o de Canarias, a iniciativas más o menos personales, sin olvidar la presencia de organizaciones como la Cruz Roja, la hermandad de San Juan de Dios o la Asociación Española Contra el Cáncer.
Hay que reconocer que, a pesar de las dificultades propias de un proceso tan complejo como el desarrollo de los cuidados paliativos, el apoyo recibido desde la administración como el cambio en la legislación referente a la prescripción de opioides potentes, han impulsado la difusión de los cuidados paliativos, facilitando extraordinariamente la prescripción de morfina. Toda esta voluntad de las administraciones ha quedado formalmente expresada en la Declaración de Barcelona. Otros aspectos relevantes en todo este proceso es la aparición de Medicina Paliativa en 1994, como la primera revista monográfica española de cuidados paliativos, desarrollándose en 1995 el I Congreso Nacional de la SECPAL.

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