BIBLIOGRAFIA 7.            

 

SÍNDROME DE INMOVILIDAD

                                  

Romero Aparicio C, Imelda Orozco González C, Millán Mendoza G. Síndrome de inmovilidad.  En: Rodríguez García R, Lazcano Botello G. Práctica de la Geriatría. Mexico: McGraw Hill Interamericana S.A.: 2007.p. 154-164. 

 

He seleccionado este libro, porque aborda el síndrome de inmovilidad de una manera sencilla, y estructurada. En él se trata tanto la epidemiología, etiología, consecuencias de la inmovilidad, tratamiento, y prevención.

 

La inmovilidad es uno de los grandes problemas del envejecimiento. La disminución de las actividades y de la funcionalidad es un indicador del estado de salud y un factor pronostico.

Hay que tener claro que la inmovilidad no es una característica del envejecimiento. Si bien los ancianos son más propensos a las complicaciones del reposo en cama. Entraña un mayor riesgo para los ancianos, convirtiéndose en una amenaza para la salud y la vida ya que hay más predisposición a caídas, trombosis, deprivación sensorial, osteoporosis y formación de escaras. De aquí la importancia de la prevención del síndrome de inmovilidad.

La definición de Síndrome de inmovilidad consiste en el descenso de la capacidad para desempeñar las actividades de la vida diaria por deterioro de funciones motoras. Se caracteriza por reducción de la tolerancia a la capacidad física, debilidad muscular progresiva y en casos graves perdida de los automatismos y reflejos posturales necesarios para la deambulación.

Podemos distinguir dos tipos de inmovilidad:

  1. Inmovilidad relativa: aquella en la que el adulto mayor lleva una vida sedentaria pero es capaz de  movilizarse con menor o mayor independencia. Su riesgo es el encamamiento.
  2. Inmovilidad absoluta: implica el encamamiento crónico y está muy limitada de la variabilidad postural. Es un factor de riesgo de  institucionalización, de morbimortalidad y aparición del síndrome del cuidador. 

Es necesario tener en cuenta que la inmovilidad puede darse en cualquier ámbito: vivienda, institución, sala de urgencias, hospitales, etc. Y es por ello que se debe fomentar la movilización activa o pasiva del paciente tanto en profesionales como en familiares y cuidadores. De aquí la importancia de la atención domiciliaria, para poder realizar una correcta valoración integral del paciente y de su entorno, así como para poder enseñar a los cuidadores las técnicas de movilización y que puedan realizar un mejor manejo de la situación.

Entre las causas que favorecen la aparición del síndrome de inmovilidad  podemos encontrar las siguientes:

  1. individuos con ansiedad que muestran afecciones psicosomáticas que generan disminución en la actividad.
  2. la jubilación, que puede ocasionar depresión.
  3. la familia, bien por que tiende al abandono  o a la sobreprotección del adulto mayor.

 

Las enfermedades tienen un papel importante, como causas desencadenantes, cabe destacar que no solo las enfermedades crónicas si no, también las agudas. También la yatrogenia, los fármacos, las hospitalizaciones repetidas, y la actitud del equipo de salud, por desconocimiento de las consecuencias de la inmovilidad o por escasos recursos humanos.

En cuanto a la prevención, en primer lugar debe tratarse de corregir la causa que origino la inmovilidad. Y recomendar el ejercicio físico, tanto para prevenir la aparición de la inmovilidad como cuando una vez instaurada para preservar la movilidad articular y evitar la sarcopenia, en este caso seria recomendable la realización de ejercicios pasivos en las extremidades,  incluyendo, cuando sea posible, la realización de ejercicios isotónicos y contracciones isométricas de los músculos. Las articulaciones deben mantenerse en posición neutral para prevenir contracturas y rigidez.

Es necesario adoptar medidas para prevenir la aparición de úlceras por presión; entre estar medidas están la protección de las prominencias óseas y los cambios posturales cada 2 horas. Así como corregir la incontinencia urinaria y la fecal.

Para evitar la estasis venosa es útil realizar ejercicios de dorsiflexión plantar para mejorar el retorno venosos, así como usar medias o vendajes elásticos.

Las medidas preventivas para las vías respiratorias irán encaminadas a evitar la retención de secreciones y formación de procesos neumónicos, utilizando drenajes posturales, manteniendo un adecuado nivel de hidratación, y ejercicios fisiorespiratorios.

 

Para proteger las vías urinarias, se recomienda mantener al anciano bien hidratado, para prevenir la aparición de cálculos urinarios.

En cuanto al sistema digestivo y nutricional es importante proporcionar una alimentación con la cantidad de calorías y proteínas adecuadas. Es importante cuidar la presentación de los alimentos, procurar un buen aporte de fibra que nos ayude a prevenir el estreñimiento.

Se recomienda la ambulación precoz, si es necesario con ayudas técnicas  intentando que sea  temporal. Y realizar los cambios necesarios en el hogar del anciano para que recupere su independencia y realice sus actividades con más seguridad, que sería el objetivo de toda intervención en el síndrome de inmovilidad, además de que el anciano se integre de nuevo, y con seguridad, en su vida social y familiar conservando su autonomía y su capacidad funcional.

 

Adela Blázquez