Bibliografía 6
ENFERMEDADES
FRECUENTES EN LOS ANCIANOS. LA ARTROSIS.
Dra. Montse
Queralt. Artrosis en las personas mayores. Te cuidamos canal salud
[revista en Internet]. [citado 2012 Nov 07]. Disponible EN http://www.mapfre.com/salud/es/cinformativo/artrosis-ancianos-.shtml
La elección de esta página se debe a varias razones. La
primera y más importante es la gran cantidad de información que podemos
encontrar en esta página relacionada con la geriatría , que dan una explicación
detallada y a la vez clara de los conceptos . Así, también aparecen varias
secciones que tratan temas desde la situación actual de la población anciana,
pasando por los trastornos y enfermedades más comunes,cambios sociales en personas
mayores, hasta las tendencias futuras de la enfermería geriátrica y
gerontológica.
Las enfermedades que afectan
a las articulaciones, especialmente la artrosis, son patologías de enorme
frecuencia entre la población anciana. Se suma el hecho que estos procesos,
debido al dolor y la deformidad que producen, son causa de inmovilidad y por
tanto de incapacidad física y dependencia en esta población.
La artrosis es una
enfermedad caracterizada por el progresivo deterioro de la articulación. Este
envejecimiento se inicia en el cartílago articular, que se deteriora
paulatinamente y pierde su integridad. El cartílago articular ejerce dos
importantes funciones: favorece que los huesos se deslicen entre ellos sin
apenas fricción y además reparte las tensiones mecánicas evitando que los
huesos se rompan al cargar las articulaciones. A medida que el cartílago se
desestructura, se altera y se produce una formación reactiva del hueso
subyacente al cartílago y en los márgenes de las articulaciones para soportar
las fuerzas mecánicas, formándose prominencias óseas llamadas osteofitos. Estos
cambios, entre otros, terminan produciendo una insuficiencia de dicha
articulación, con limitación del movimiento.
La artrosis es una enfermedad crónica y progresiva que
afecta a una o varias articulaciones, principalmente en manos, en las
articulaciones de carga como las rodillas o las caderas, o en ciertas
articulaciones de la columna vertebral. Se presenta dolor, deformidad y
limitación de los movimientos de la articulación afecta.
Tradicionalmente la artrosis se ha dividido o clasificado
en dos tipos:
• Artrosis idiopática o primaria, que es la forma más
habitual. No existe aparentemente ningún factor predisponente y la causa del
progresivo deterioro del cartílago y la articulación es desconocida.
• Artrosis secundaria, donde es identificable una
alteración previa de la articulación. Algunas de las muchas causas de artrosis
secundarias son los traumatismos previos (por ejemplo lesión del menisco de la
rodilla), los traumatismos repetidos en algunas profesiones o enfermedades
congénitas previas de la articulación.
Aunque en la mayoría de los casos no se da una causa
conocida, existen una serie de factores de riesgo conocidos para el desarrollo
de artrosis como son la edad o la obesidad en el caso de la artrosis de
rodilla. Como se ha comentado, la presencia de artrosis está fuertemente
relacionada con la edad.
Esta asociación de la enfermedad con la edad ha llevado a
sugerir que la artrosis esté relacionada con el envejecimiento en sí mismo. Sin
embargo, esto no es exactamente así, puesto que los cambios en el cartílago y
otros tejidos de la articulación que se producen al envejecer son diferentes a
los que se observan en la artrosis, si bien estos cambios bioquímicos en el
cartílago envejecido pueden facilitar su aparición y desarrollo.
El dolor de la articulación es el principal síntoma de la
enfermedad. Suele ser un dolor que aparece con el uso de la articulación y
mejora con el reposo, aunque en fases avanzadas de la enfermedad puede ser
continuo. En algunos casos hay rigidez matutina de corta duración tras la
inactividad. En ocasiones pueden aparecer periodos de inflamación y de pequeños
derrames en la articulación, siendo ésta una fuente más de dolor. Al explorar
las articulaciones éstas suelen estar deformadas y crepitar al moverlas, como
si los huesos rozaran entre sí. En fases avanzadas de puede observar pérdida de
movilidad y fijación de la articulación (anquilosis).
Diagnóstico
El diagnóstico de la artrosis se establece basándose en
la clínica y en unos hallazgos radiológicos característicos donde se pueden
observar, entre otros, el estrechamiento del espacio de la articulación al
perderse el cartílago, la esclerosis reactiva del hueso situado debajo del
cartílago, así como la proliferación de hueso en forma de osteofitos.
La ausencia de manifestaciones de la enfermedad fuera de
las articulaciones, a otros niveles del organismo, hace que los análisis y
otros estudios de laboratorio sean normales.
Respecto al tratamiento, los
principales objetivos que se deben tener en cuenta al enfrentarse a esta
patología son el control del dolor y reducir al máximo la incapacidad y la
limitación funcional que produce. Esto se debe intentar lograr evitando dentro
de lo posible los efectos adversos de la medicación y las posibles
complicaciones que puedan aparecer con las intervenciones médicas.
En el tratamiento de la artrosis se disponen de medidas
no farmacológicas, a veces fundamentales en artrosis de cadera y rodilla, por
ejemplo, y de medidas farmacológicas encaminadas sobre todo al control del
dolor.
Entre las medidas no farmacológicas cabe destacar los
programas de educación sanitaria centrados en técnicas de protección de las
articulaciones o técnicas de relajación, y los beneficios de la pérdida de peso
en casos de obesidad. Otras medidas como programas de fisioterapia o ejercicio
físico en función de la situación clínica individual son también útiles.
Programas que mejoran la fuerza de los cuádriceps en la artrosis de rodilla
pueden reducir el dolor y mejorar su función. Asimismo, el uso de hidroterapia
o técnicas de calor o frío puede mejorar el dolor y la movilidad.
En el tratamiento farmacológico de la artrosis el control
del dolor es imprescindible. Se dispone de varias alternativas terapéuticas que
comienzan con los analgésicos simples, como el paracetamol, y continúan con los
fármacos antiinflamatorios no esteroideos, otros analgésicos como el tramadol,
y la terapéutica con inyecciones intraarticulares de corticoides en casos más
rebeldes.
Existen tratamientos específicos diseñados para intentar
detener la progresión de la enfermedad, como son el sulfato de glucosamina y el
condroitín sulfato, con efecto limitado a las primeras fases del problema.
En el caso de que las medidas anteriores sean ineficaces,
en algunos casos, y no siendo la edad por si misma una contraindicación, puede
ser necesaria la cirugía de la articulación o su sustitución por una
prótesis.
Almudena Escribano Ruiz
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