Mis tardes con Margueritte de Jean Becker
Esta es una
tragicomedia francesa, muy tierna con un punto de lacrimógena, y un guión
entrañable, solamente con ver a la anciana señora Casadesus,
toda delgadita y delicada, al lado de ese gran hombre tanto por fuera como por
dentro. Ese contraste es aprovechado para remarcar la diferencia visible entre
sus personajes: Germain un gordo torpe, exaltado,
buenazo, ingenuo e iletrado al que la vida no le ha dado sino desdichas, y una doctora ya jubilada, que disfruta de la lectura y la amable
conversación. Pese a tanta diferencia, se hacen amigos.
Germain a pesar de su tamaño, o por
causa de él, siempre recibió las bofetadas. A su padre no lo conoció, de chico
era objeto de burla de sus maestros y compañeros (como de grande lo es, a
veces, de sus amigos del bar) y su madre, hoy en día una mujer mayor enferma
mental , pero que desde la infancia hasta hoy en día disfruta de humillarlo en
cuanto se le presenta la oportunidad. Con todo, el hombre conserva el carácter
afable, es generoso y solidario y manso como las pal Siempre es transparente,
así es como se muestra con la anciana de 95 años, delicada, serena, viajada y
culta, que, libro en mano, aparece un día en su vida y empieza a regalarle
lecciones sobre la literatura y la vida, las cuales son retribuidas por el discípulo (Germain);
pero el también con sus limitaciones y sus carencias afectivas, tiene cosas que
enseñarle a su nueva amiga. Es casi analfabeto y algo torpe, pero no le falta
inteligencia, todo bajo el sol de un pueblito tranquilo,
donde todos se conocen y el hombre conoce a cada una de las palomas de la
plaza.
En esta película no encontramos nada a la americana, el gordo no va a salir genio ni literato, simplemente
va a decir con mayor precisión lo que le pasa, lo que percibe, y a disfrutar al
fin de cosas que le parecían ajenas, como los libros.
En la vida, cada uno hace lo que puede,
todo el mundo intenta ser feliz a su manera eso es lo que nos hace diferentes a
cada uno de nosotros , todos no somos felices con las mismas cosas . Lo único
que si esta claro es que la felicidad no la encontraremos en algo material si
no en algo que nos haga sentir grandes personas por dentro.
Lástima que Becker no ha tenido el arrojo
suficiente para criticar el mal comportamiento de la sociedad actual con los
mayores, y se ha quedado en unas sutiles pinceladas, teníendolo tan fácil con
esta historia.
Almudena Escribano Ruiz
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